domingo, 12 de enero de 2014

365 oportunidades.



Pensó que comenzaría un nuevo año con novedades. Deseaba que ese año fuera distinto, diferente al anterior en el que no le había ido muy bien.  Publicó en su Facebook grandes frases inspiradoras. Pero con el correr de los días se dio cuenta que todo seguía igual, que nada había cambiado. Tenía que levantarse temprano, ver la cara de amargados de su jefe y compañeros de trabajos. Seguía aguantando el mal humor de la gente que solo hace reclamos. El colectivo seguí lleno como de costumbre y no dejaba de viajar apretada. La primera semana del nuevo año le pronosticaban un año igual a los anteriores.
Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.  Mt 3, 13-17

Con el correr de los días del nuevo año te darás cuenta que todo sigue igual si no te atreves a hacer cambios en tu vida. A menudo esperamos que las casos cambien, sin darnos cuenta que somos nosotros los primeros que tenemos que cambiar, sin darnos cuenta que es uno mismo el que tiene que cambiar primero.
Jesús comienza una nueva etapa de su vida. Imaginemos ese día. Esa mañana en la que se encaminó hacia el río Jordán. Seguramente se habrá levantado temprano orándole a su padre para que lo acompañara en el paso fundamental que estaba por dar. O a lo mejor, lo más probable es que haya pasado la noche en vela orando. Pero lo cierto es que no se quedó esperando que su vida cambiara de un día para otro, no se quedó esperando que Juan el Bautista viniera hacia él. Sino que se atrevió a ser el protagonista de su propia vida. Se atrevió a dar los cambios en su vida para que su vida fuera tomando sentido, para que su vida llegara a su plenitud.
El nuevo año trae 365 días, 365 oportunidades para que el mundo cambie, para que tu mundo cambie. No se trata de grandes proezas, si queres que las casas cambien empieza por no hacer siempre lo mismo. Como esperamos resultados distintos si siempre estamos encasillados en las mismas cosas, si siempre probamos lo mismo, si vivimos una vida repetitiva y monótona. El colectivo en el que viajas va a seguir lleno, pero un buen día al colectivero, un por favor, un gracias puede hacer la diferencia. A lo mejor te mire indiferente, a lo mejor ni te conteste. Pero vuelve a intentarlo al día siguiente, y el siguiente, y el siguiente.
El bautismo simboliza un nuevo comenzar. Un comenzar con un propósito firme se mejor persona, ser mejor cristiano, ser un buen hijo de Dios. Que nuestro padre celestial al vernos desde el cielo también diga: “Este es mi hijo muy querido”. Ten la certeza que ya lo está diciendo al verte, porque él puede ver el potencial que tenemos, porque él puede ver todo lo que podríamos lograr si nos atrevemos a ser diferentes.
Este año tiene que ser un año en el que salgamos de nosotros mismos, que salgamos de nuestras individualidades. Un año en el que salgamos al encuentro de nuestros hermanos. Como el encuentro entre Jesús y Juan el Bautista. Salgamos, sin pensar que somos mejores que los demás por eso, salgamos la calle nos espera.
Digamos hoy comienza un nuevo día y hagamos los cambios en nuestra vida para que así sea.

Pidamos a Dios su Espíritu, el espíritu renovador, el espíritu que hace nueva todas las cosas. Ya lo veremos descender con poder sobre cada uno de nosotros.
Andrés Nicolás Obregón

jueves, 14 de noviembre de 2013

¡Novios! Esten preparados porque no saben la hora...


“Entiendan bien que si el amo de casa supiera a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no lo dejaría asaltar su casa. Lo mismo ustedes, esté preparados; porque a la hora en que menos piensen, vendrá el hijo del hombre”. Mateo 24, 43 – 44


¿Se puede saber cuándo llegará el ladrón? ¿Y quién o qué es el ladrón? En la lectura el ladrón puede interpretarse como la muerte, pero también el ladrón puede ser todo aquello que llega de improvisto, todo aquello que salga de lo normal, que no sea cotidiano. El ladrón puede ser también un problema, una dificultad.
En el noviazgo o en el matrimonio los problemas son como ese ladrón que nos sacan de la paz y tranquilidad. Cuantas veces nos ha pasado que en la pareja está todo bien, y un gesto mal entendido, alguna frase dicha en un tono raro es la causa de una discusión. Nadie sabe cuándo se va pelear con la persona que ama, nos gustaría que nunca hubiese peleas pero eso es imposible. En el noviazgo no se trata de no pelear, se trata de cómo se pelea. No siempre vamos a estar de acuerdo, no siempre vamos a ver las cosas del mismo modo, porque debemos asumir que si bien tenemos cosas en común también tenemos diferencias.
El consejo de Jesús es simple: Estén preparados. Como novios ¿estamos preparados para afrontar dificultades? Como futuros esposos ¿nos estamos preparando para afrontar las dificultades?
Hay personas que piensan que estar de novios es un lento transcurrir, en el que cuando ya pasan varios años como paso inevitable hay que casarse. Nada más equivocado que eso, porque el noviazgo es un camino de discernimiento en el que tenemos que ir evaluando, pensando, reflexionando, sintiendo si esa persona que es mi pareja es la correcta para contraer matrimonio y pasar el resto de mi vida juntos. No basta solamente con estar enamorados, hay que nutrir al amor de más herramientas que sirvan para afrontar esos momentos de dificultad… ¿Están preparados?
Unos novios decían una vez que ellos hablaban de todo. Entonces alguien le preguntó: “¿Hablaron alguna vez qué pasaría si alguno se queda sin trabajo y el otro tiene que mantenerlo?”. Los novios se miraron y se dieron cuenta que nunca se plantearon esa pregunta. “¿Hablaron que pasaría si alguno de los dos es infértil y no puede tener hijos? ¿Hablaron de cómo van a manejar el dinero? ¿Hablaron de si van a pasar las fiestas de fin de año en la casa de alguno de sus padres?…” y así siguió con un montón de planteos que esta pareja de novios nunca había hablado.
La mejor forma de prepararse para enfrentar las dificultades es haber hablado. La pareja que ha dialogado en profundidad puede afrontar mejor los problemas.
¡Novios! ¡Estén preparados! Este es el momento. Si hablan ahora, ¿Cuándo? A veces también hay que saber pedir ayuda. Hay muchas personas que se preparan para ayudar a las parejas. Son ellos la ayuda que Dios nos manda para estar bien, para estar mejor.
Van a tener muchos problemas, muchas dificultades, se los aseguro. Sin embargo aquellos que se preparen serán los más capaces de solucionarlo.
“Pero ahora estamos bien”, es una frase que se escucha a menudo… ahora están bien como el hombre que no sabe que llegará el ladrón. Y a veces esa estamos bien, es tan superficial. Están bien porque no hablan de nada, porque el único tema de discusión es sobre un programa que vimos en la tele. O a lo mejor están bien porque no tocan ese tema tan difícil que vienen pateando hacia adelante. Aunque los problemas no pueden esconderse bajo alfombra. Todo problema que no se habla se agranda.
¡Novios! ¡Estén preparados! Este es el momento. Es bueno saber en qué cosas no están de acuerdo… ¿Van a esperar a estar casado para pelearse, separarse y perjudicar la viva a sus hijos?
¡Novios! ¡Estén preparados porque no saben la hora…
Andrés Obregón

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